El Padre Hernán: una vida fecunda

En el funeral, justo antes de iniciar la Santa Misa, se comentó que el Padre Hernán fue un “constructor de comunión”. Al final de la ceremonia litúrgica, un grupo de varios sacerdotes amigos del Padre Hernán, de los aproximadamente 40 que concelebraron, cargaron el féretro hasta el carro fúnebre.

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Opus Dei - El Padre Hernán: una vida fecunda

En el funeral, justo antes de iniciar la Santa Misa, se comentó que el Padre Hernán fue un “constructor de comunión”. Al final de la ceremonia litúrgica, un grupo de varios sacerdotes amigos del Padre Hernán, de los aproximadamente 40 que concelebraron, cargaron el féretro hasta el carro fúnebre, en medio de una muchedumbre que quiso despedirse. Una hora después fue enterrado en el cementerio Valle de Paz, en Tres Ríos, junto al Cerro La Carpintera. Terminaba así en la tierra la vida del Pbro. Dr. Hernán Chaverri Sánchez, arquitecto, doctor en Derecho Canónico quién falleció el 5 de diciembre de 2017 en San José, Costa Rica.

Había nacido en la ciudad de Puntarenas, Costa Rica, el 8 de enero de 1951. Pidió la Admisión en el Opus Dei el 3 de marzo de 1967 en San José, mientras hacía su secundaria. Poco después se trasladó con su familia de vuelta a Puntarenas. Varias veces le oímos comentar que siendo joven y estando lejos de cualquier Centro de la Obra, habiendo tomado la decisión de ser numerario desde adolescente, constantemente se le venía a la cabeza que su entrega en el Opus Dei -su vocación- “era con Dios y para siempre” y que eso se le grabó en el corazón.

Se graduó como arquitecto en la Universidad de San Carlos de Guatemala y obtuvo el doctorado en Derecho Canónico en la Universidad romana de la Santa Cruz. Fue ordenado sacerdote por el Papa san Juan Pablo II en Roma, el 10 de junio de 1990. Siendo laico fue uno de los primeros en iniciar la labor apostólica de la Obra en Honduras. Desarrolló su labor sacerdotal en Guatemala, Honduras y en su país, Costa Rica, donde se ganó la amistad y estima de muchas personas, entre ellas, obispos y sacerdotes.

Durante los aproximadamente 4 meses que estuvo internado en un hospital -primero en el hospital Mons. Sanabria de Puntarenas y luego en el Calderón Guardia en San José- los últimos meses de vida, inicialmente por una quebradura de la cadera, poco a poco al no restablecerse, fue vislumbrando que podía morir y se fue preparando. A una persona que le atendía médicamente le comentó que su enfermedad le estaba llevando “hasta el despojo” y que lo aceptaba libremente. Alguna vez, tiempo atrás, comentando la décima estación del Vía Crucis de San Josemaría, profundizaba en el significado del “expolio” que había sufrido Jesucristo en el drama del Calvario.

No dejó de pedir por su curación al Beato Álvaro, pero aceptaba lo que Dios quisiera. Al fallecer estaban presentes algunos fieles de la Prelatura y algunos de sus hermanos, con quienes mantenía estrecha relación. Finalizaba así, aquí en la tierra, una vida fecunda.

La Misa de septenario, en el oratorio del Centro Universitario Miravalles, fue concelebrada por el Arzobispo de San José, Mons. José Rafael Quirós, por el Vicario de la Prelatura en Costa Rica, Mons. Luis Baura de la Peña y por el Vicario para el clero de la Arquidiócesis, el P. Fernando Muñoz.

Un gran número de personas de los más variados ambientes, han hecho llegar de una forma u otra sus condolencias y palabras de consuelo por “un hombre fiel, un sacerdote leal” como le llamaron en la homilía de la Misa de exequias.