"Mas grande por dentro que por fuera"

Además de ser un ambiente de estudio y esfuerzo diario, una residencia estudiantil es también un lugar de alegría, camaradería y buen humor, sobre todo gracias a aquellas personas que con su personalidad dan luz a quienes la habitan...

home
Opus Dei - "Mas grande por dentro que por fuera"

Además de ser un ambiente de estudio y esfuerzo diario, una residencia estudiantil es también un lugar de alegría, camaradería y buen humor, sobre todo gracias a aquellas personas que con su personalidad dan luz a quienes la habitan.

Ese es el caso de Carlos Roberto Lang Collado: uno de los que asistían a la Residencia Miravalles y a quién los universitarios con los que coincidió jamás olvidarán. Con frecuencia haciendo bromas, contando chistes, siempre sonriente. Muchos de los residentes tenían que ver con él y estaban pendientes de ayudarle en todo porque Carlos se ayudaba de un bastón ya que no lograba ver ni oír bien; y a pesar de su limitación nunca desaparecía su sonrisa.

Desde muy joven se le diagnosticó un Síndrome de Wolfram complicado con una diabetes Mellitus e Insípida cuyo pronóstico de vida se calculaba en no más de 30 años. Pero esta situación más que impedirle relacionarse con los demás, lo impulsaba a buscar y provocar en el otro un momento de alegría. Los estudiantes lo molestaban cuando estaba en el comedor porque tenía muy buen apetito, y él les respondía que se debía a que “era más grande por dentro que por fuera”. Para los cumpleaños, se aprendía de memoria notas musicales para tocarlas en su pianola durante la celebración y lograr así que el agasajado pasara un momento agradable. Se burlaba de sí mismo cuando intentaba jugar futbol y por el problema de vista pateaba una sombra o una hoja en lugar del balón.

¿Cómo lograba esto? Fácil… Carlos tenía claro que el dolor y las contrariedades podrían ser un excelente camino para llevarlo a un trato íntimo con Dios y, por medio de Él, a los demás. Cuando cumplió los 15 años, decidió entregarse a Dios como aspirante y luego agregado del Opus Dei sabiendo que así cumpliría con más facilidad la Voluntad de Dios. Terminó la Secundaria con heroísmo pues había perdido mucho su capacidad de vista y oído; pero trabajó insistentemente hasta lograr graduarse. Ofreció constantes horas de trabajo sabiendo que el trabajo era materia de su santificación; además, tenía la oportunidad de hablar con Dios mientras hacía sus labores. Su oración era constante: tenía la convicción de decir miles de veces al día la jaculatoria: “que se haga tu Voluntad”. Una vez que estuvo muy complicado en la Clínica, una familiar se le acercó y le preguntó si quería algo, y él respondió: “que se cumpla la Voluntad de Dios”. Sabía que sus sacrificios lo acercarían más al Creador y los aceptó siempre con alegría, sin quejarse de ninguna de sus molestias, las cuales ofrecía por diversas intenciones.

Carlos era muy apostólico. Le gustaba llevar a personas diferentes a las romerías para que tuvieran contacto con Nuestra Madre. Y era muy común escucharle preguntar los nombres de personas por quienes debía ofrecer sus molestias para que se acercaran más a Dios.

Por supuesto, nada de esto hubiera logrado sin el apoyo de sus padres y sus tres hermanos. En cada una de las etapas de su enfermedad tuvo el cariño, el optimismo y la fortaleza de don Carlos y doña Irene. Como primera escuela, su familia fue el principal modelador de su carácter.

La enfermedad lo fue deteriorando y vivió con gran fortaleza y paciencia cada una de las posibilidades que se le iban negando: de jugar, de ver, de oír, de trabajar, de comer... Lo anterior, sin perder nunca su sentido del humor. Sus últimos días fueron complicados y el pasado 9 de enero, aniversario del cumpleaños de San Josemaría, a la edad de 32 años, Dios quiso llevárselo.

Muchos ya hemos acudido a él para pedirle favores y, en efecto, lo sentimos muy cerca de nosotros porque somos conscientes de que, efectivamente, si el Amor a Dios es la medida, Carlos era más grande por dentro que por fuera.